Los alumnos que no vi, y no pude ayudar

Autora : Rosa. Orientadora en Castilla La Mancha

DEMASIADOS MITOS ARRAIGADOS…. Esta es mi realidad. Una de las múltiples cosas que he aprendido con este curso y que me ha hecho reflexionar mucho es sobre esta cuestión.

Desde mi perfil de orientadora de un centro de educación infantil y primaria considero que una de las cuestiones sobre las que hay que reflexionar es que muchas veces estamos tan inmersos en seguir los mismos “patrones educativos” para TODOS (mismos materiales, mismas explicaciones, mismos objetivos planteados, demasiado “papeleo”….que no nos damos cuenta que no siempre es así como se debería actuar…..

Y en ocasiones una vez superadas algunas de estas cuestiones previas, prestamos más atención a los alumnos con necesidades educativas específicas de aprendizaje con dificultades de aprendizaje por discapacidad intelectual, alumnos con TEA o con TDAH y nos olvidamos que en nuestras aulas, en nuestros centros existen también alumnos que demandan atención por altas capacidades.

Necesitamos identificar sus necesidades de desarrollo emocionales y sociales y como consecuencia demandan un modelo de respuesta, de cambio de perspectiva metodología que va más allá de una simple dinámica “aislada” dentro del aula o de “proporcionarle más material para trabajar” sin más.

Aquí radica el problema. El cambio metodológico no debe ser solamente del tutor que tiene “ese alumno” en su aula, sino que el cambio implica a TODA LA COMUNIDAD EDUCATIVA. Una tarea realmente difícil si no superamos los prejuicios existentes. Y no solamente esos prejuicios, sino la MISMA forma de trabajar, la superación del prejuicio de “cada maestrillo con su librillo” y de saber trabajar de forma COORDINADA.

Todos, desde nuestra especialidad, deberíamos y debemos SABER TRABAJAR EN GRUPO. No solamente enseñar a los alumnos, sino que el mismo profesorado deberíamos aprender a trabajar así. Y realmente esto no es fácil, ni se aprende de un día para otro. Necesitamos implicación, interés, motivación…..en fin, un sinfín de cosas que también debemos “enseñar” a nuestros alumnos.

 

Reconocer las diferencias individuales

 

Como en cualquier grupo  hay diferencias individuales evidentes  y por ello se debe reflexionar y buscar la mejor forma de enseñar que resulte más adecuada para todos los alumnos.. NO todo el grupo tiene que hacer lo mismo de la misma forma y al mismo tiempo… Y con esto no digo que no haya momentos puntuales en que se requiera realizarlo, sino que se requiere plantearse una metodología flexible, permitir el libre intercambio de ideas entre los alumnos, dar a los alumnos las oportunidades suficientes para que exploren y profundicen en algún tema de su interés… para ello también debemos plantearnos cómo valoramos ese trabajo que realizan. Metodología, programación, implicación, evaluación.

Aceptar que hay más de una solución para un mismo problema y que todas las opciones son válidas.

Conocer las características, sus habilidades, intereses, estilo de aprendizaje, puntos fuertes y débiles de todo nuestro alumnado, incluido el de altas capacidades. Pero también las características que al igual que los alumnos, son diferentes en nosotros, en el profesorado.

Mi propuesta de cambio metodológico va más allá de la opción de poner el foco de interés en un alumno concreto para personalizar su proceso de aprendizaje, de evaluación y de darle respuesta.

Pongo de ejemplo mi caso en concreto en el colegio. Una vez identificado al alumno, sí que es verdad que de forma inmediata hemos tenido que dar respuesta a su necesidad; sobre todo en este caso porque demandaba a gritos una respuesta emocional y social que no tenía cubierta dadas sus características. Demasiado tarde, también es verdad.. Y surge otra vez los mitos arraigados y la importancia de su identificación adecuada. Conocer su perfil, responder adecuadamente a sus necesidades, desarrollar su potencial y sus competencias, favorecer su desarrollo social y emocional…pero sobre todo identificar las barreras que pueden interferir en un adecuado aprendizaje y una adecuada participación.

Deberíamos contemplar al alumno en su contexto, en el contexto social, educativo y familiar que le rodea y en su globalidad: capacidades intelectuales, estilos de aprendizaje, motivación, dimensión social, emocional….. Pero también debemos tener en cuenta la diversidad del profesorado que existe en los centros. Diversidad también en sus intereses, motivación, capacidad de adaptación al cambio, recursos que pueden aportar, ideas, prejuicios,…

No solamente deberíamos conocer las características de nuestros alumnos, sino poner en énfasis los puntos fuertes y no tan fuertes del profesorado.

Favorecer un aprendizaje alternativo, potenciar la autoestima del alumnado en un entorno seguro para “tomar riesgos creativos y cognitivos”, debería pasar también por potenciar esas cualidades en el profesorado..

Potenciar una motivación intrínseca del profesorado en su labor docente y dar una respuesta ante la diversidad de sus alumnos debería ser una actividad INMEDIATA a trabajar en el centro.

No considerar al alumno como “perteneciente a un grupo concreto con un tutor concreto”. El alumno pertenece al centro, a una comunidad educativa que no puede dar respuesta únicamente a un entorno único con un tutor concreto. Deberíamos potenciar y evaluar al tutor en el nivel de respuesta adecuada que pueda dar a ese alumno, pero también al resto de los profesionales que intervienen con el alumno, con el grupo. Empatía, feed-back, implicación son pilares fundamentales. Todos debemos aportar información, opinión, sugerencias, actividades…pero también el propio alumno, la familia, asociaciones y especialistas implicados en dicho tema…y no cerrar el círculo a un entorno concreto. De nada sirve crear un aula multinivel o un aula creativa si realmente NO está implicado el profesorado en lo que está haciendo, en que su trabajo realmente tiene consecuencias positivas para su alumnado y para él mismo.

Considero necesario reforzar la coordinación con los diferentes miembros de la comunidad educativa. El tutor no puede sentirse “solo” ante el nuevo reto que se le propone.

Solicitar ayuda cuando se requiera. Esto que parece tan sencillo, cuesta…y mucho…reconocer nuestras dudas, nuestras dificultades cuesta.

Despertar el interés de los alumnos, promover su receptividad, divertirse, estimular…potenciar la autonomía de sus alumnos e intereses…pasa por potenciar también las oportunidades de éxito del profesorado….De nada servirá presentarle y “sugerirle” que cambie de perspectiva, de metodología si realmente no cree en ello.

….¿Y cómo realizar esto?….Difícil pero no imposible….entre otras cuestiones, sugerir un cambio, …un cambio positivo…y como todo cambio implica un “coste” , un “extra” de energía…

Como primer paso para enriquecer el ambiente y el contexto de aprendizaje podría, entre otras mil opciones, ofrecer información REAL al profesorado, ofrecer una amplia gama de posibilidades de trabajo, una formación e información que pueda ser eficaz para la incorporación de nuevos retos educativos, de un “búsqueda de nuevos recursos materiales y profesionales”, unas nuevas herramientas educativas”.

Considero que se debería trabajar también la parte emocional del profesorado…Sí, nosotros también tenemos emociones, intereses, opiniones que nos influyen  y que en cierta medida también condicionan nuestra forma de trabajar.

Es mi humilde reflexión en cuestiones que sobre todo influyen y mucho en nuestros alumnos con altas capacidades. Darnos oportunidad de aprender, experimentar y reforzarnos en el día a día con y un trabajo tan complicado como es el nuestro.

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